Un pan, en mi hogar
Los altos índices de pobreza traen aparejadas conductas sociales como el asistencialismo. La grave situación de carencias que atraviesan muchas familias, trae como consecuencia que el de la comida ya no sea un momento de reunión alrededor de la mesa hogareña. Nutricionistas locales capacitan para abordar esta realidad allí donde se asiste brindando alimento.
El alarmante incremento de familias con necesidades básicas insatisfechas de los últimos años, trajo como consecuencia -entre otros muchos aspectos-, cada vez más chicos mal alimentados, anémicos o desnutridos. Ante la carencia de un plato de comida en sus casas, muchos de estos niños deben concurrir diariamente -para recibir una copa de leche o comida- a servicios asistidos por el Estado, a alguna institución preparada para tal fin o a comedores barriales creados y atendidos por vecinos sensibles a esta situación.
Si bien este asistencialismo cubre la urgencia alimentaria de una gran franja de la población, está siendo contraproducente, en el aspecto social, para las personas carecientes: provoca que se pierda la cultura de la preparación del alimento en el hogar, que se desestime la importancia que tiene aprovechar el momento de la alimentación para el encuentro y el diálogo en familia. Hábitos que, naturalmente, se darían en cada casa si la comida no faltara.
Lo cierto es que esta "institucionalización del alimento" -como lo define la licenciada en Nutrición, Paola Resnicoff- está mostrando un alejamiento entre los miembros de una misma familia que comen en distintos comedores: ya sea el de la escuela o de alguna otra institución.
Por este motivo, la falta de ese espacio de encuentro en la mesa familiar o de dedicación de la madre para la elaboración de la comida, significa que se están perdiendo otras funciones que ese ámbito propiciaba: la contención y el diálogo, el amor y el cariño que se ponen de manifiesto a través de la alimentación.
Hay otra situación preocupante que se observa en nuestra ciudad: muchas mamás de 14, 15 ó 16 años se criaron comiendo en el comedor y tienen muchas dificultades para poder hacerse cargo de la alimentación de sus hijos. "En algunos casos no tienen los recursos económicos ni los utensilios para cocinar porque desapareció la olla, el anafe o la cocina ante la ayuda alimentaria que siempre recibieron", explicó Resnicoff.
Apostar a comer en familia
En el marco del Programa Nacional de Educación Alimentaria y Nutricional, se está dictando en Santa Fe un Curso-taller de Capacitación sobre Educación Alimentaria Nutricional (EAN), destinado a personas y profesionales que trabajan con la comunidad o que son transmisores de información.
Comunicadores sociales, docentes, personal de comedores escolares y comunitarios y de centros de acción familiar, agentes sanitarios y comunitarios, enfermeros, trabajadores sociales y estudiantes están recibiendo esta capacitación, avalada por el Ministerio de Salud de la Nación. Se ofrece como una estrategia para mejorar la alimentación de la población, motivo por el cual se insiste a los participantes que trabajen en pos de que se recupere la comida en el hogar.
La licenciada Resnicoff -quien dicta el curso taller junto con sus colegas María Sol Calleja y Yamile Henaín-, planteó: "Queremos que estas personas, desde su lugar, traten de promover esta idea y como agentes de salud o comunitarios puedan recolectar información sobre qué está faltando para que esa mamá cocine, más allá de los alimentos. Si lo que faltan son los alimentos, entonces hay que tratar de gestionarlos para que esa familia cocine".
Advirtió que la situación por la que atraviesan gran cantidad de familias carecientes es claramente planteada por las personas que están participando del curso taller, quienes se muestran preocupadas por la realidad que ven a diario. "También surge el tema de que hay programas de recuperación nutricional que brindan cajas con alimentos especiales y capacitación sobre el tema, pero nos plantean que muchas veces, esas mamás, para que no le quiten estos beneficios, no promueven o permiten que el niño se recupere".
Resnicoff opinó que se trata de una cuestión muy grave, porque "cuando la asistencia alimentaria institucionalizada se hace eterna puede llegar a traer problemas. Uno deja de ser autorresponsable por lo que le toca: generar tus medios para la búsqueda de los propios alimentos y para poder elaborarlos y brindarle a tus hijos los suficientes como para su crianza".
Multiplicadores de información
Consultada en relación a la capacitación, Resnicoff indicó que "la idea del curso es formar multiplicadores: gente que lleve información a su comunidad o lugar de trabajo sobre la buena alimentación y la nutrición. Se trata de que transmitan las 10 pautas básicas para una alimentación saludable, que corresponden a las Guías Alimentarias Argentinas y el Programa Nacional de Educación Alimentaria y Nutricional".
Planteó que "el propósito de la educación alimentaria nutricional es crear en las personas la responsabilidad del autocuidado y lo que tiene que ver con una buena alimentación relacionada con una buena salud. Tratamos de darles herramientas a estos beneficiarios para que puedan manejarse con personas sanas, ya que les insistimos en que -ante situaciones especiales- deben recurrir al centro de salud más cercano al barrio o a una nutricionista, si una persona necesita una dieta especial".
En este sentido, se ofrecen dos talleres teóricos y uno práctico. En los primeros se trabajan las pautas para una alimentación saludable y la alimentación en las distintas etapas de la vida. También se informa sobre las diferentes técnicas de preparación y cocción de alimentos para usar los recursos y aumentar la biodisponibilidad de los nutrientes, además de las pautas básicas de higiene y manipulación de alimentos.
El último taller es práctico y lo realizan los asistentes a la capacitación. Tienen que proponer una actividad con su comunidad para conseguir algún cambio o mejora. Por ejemplo, hay una alumna que estudia en la UNL que iba a proponer un cambio en los alimentos que vendían en la cantina de su facultad.
Quienes participan en esta capacitación despejan todas sus dudas en relación a alimentación y nutrición con las profesionales a cargo e, incluso, plantean los inconvenientes con los que a diario se deben enfrentar para llevar adelante sus tareas. Al finalizar el curso taller reciben un manual de multiplicadores que proporciona el Ministerio de Salud de la Nación.
Llegar más a la gente
Mejorar la alimentación de la comunidad es la meta que se fijó esta capacitación, que está permitiendo a mucha gente incorporar conocimientos sobre el tema, ya sea para aplicarlos en sus propias familias como en sus hogares. La tarea no fácil ni corta en el tiempo. Pero la iniciativa ya es bienvenida.
La licenciada Paola Resnicoff concluyó que "este programa surgió porque, a pesar del avance en las Ciencias de la Nutrición y del aumento de la información científica sobre los alimentos que hacen bien y los que no hacen tan bien, aumentaron los porcentajes de malnutrición, ya sea obesidad como desnutrición".
"Por este motivo -agregó- surgió esta iniciativa para concientizar a la población sobre la relación que tiene una alimentación adecuada con el mantenimiento de la salud. Con los cursos pretendemos brindar estrategias de prevención, que es lo que hace falta en las políticas de salud: hay que llegar más a la gente e ir a buscarla, y no esperar a que llegue para buscar información", subrayó Resnicoff.
Por último, anticipó que se tiene pensado continuar el curso durante el año, aunque depende de los recursos con que se cuenten.
Testigos de la realidad
· Mónica es agente sanitario de un centro de salud ubicado en Guadalupe Oeste, donde se atienden 75 chicos desnutridos que viven en la zona. Su tarea consiste en buscar y hablar con las mamás sobre la correcta alimentación de sus hijos, además de colaborar en los comedores comunitarios.
"Las mamás terminan delegando en el Estado su función a la hora de la alimentación, la salud o la educación", advirtió Mónica, y dijo que este tipo de capacitación le permite aprender muchas cosas sobre, por ejemplo, la combinación de alimentos para poder brindar un mayor valor energético. Consideró que el curso debería continuar en el tiempo.
· Gladys trabaja, desde hace muchos años, como enfermera en el centro de salud "Demetrio Gómez", de Alto Verde. También enseña a las mamás de los chicos desnutridos del distrito a cocinarles y alimentarlos adecuadamente. Aseguró que "muchos chicos están desnutridos como consecuencia de que bajan de peso porque tienen parásitos. Algunos se recuperan pero muchas mamás no quieren que los ayudemos porque si se mejoran dejan de recibir una caja de alimentos o de ir al comedor".
· María es asistente social y tiene a su cargo el relevamiento de los comedores pertenecientes a Promoción Comunitaria en el barrio Los Hornos. Admitió, al igual que otros participantes del curso, que existen muchas carencias en estos centros y que falta información sobre el manejo de alimentos.Coincidió en que "con muchas mamás se llega al punto de que buscan ayuda de afuera y no tratan de conseguir la comida por sus propios medios. A pesar de que se les da charlas con nutricionistas para que elaboren sus propios alimentos, llevará mucho tiempo cambiar esa cuestión cultural de recibirlos y depender de la ayuda de una caja".
· Teresita es beneficiaria de un plan Jefas y Jefes de Hogar. Trabaja ayudando en las tareas de la cocina y proveeduría del centro comunitario Corazón de María, en Santa Rosa de Lima, al que concurren 220 personas para almorzar.
Alimentación saludable
Las pautas básicas para una alimentación saludable son las siguientes:
· Comer variado y varias veces en el día.
· Realizar un buen desayuno, para tener calidad y cantidad de nutrientes (energía) adecuados para empezar el día.
· Incorporar frutas y verduras crudas a lo largo del día, además de consumir leche, yogur y queso, algún aporte proteico en base a carne (al menos una vez al día), además de legumbres y cereales (o su combinación) para un mejor aprovechamiento de los nutrientes.
· Reducir el consumo de azúcares y grasas.
· Hacer actividad física.
Mariana RiveraFotos: Flavio RainaArchivo El Litoral
El alarmante incremento de familias con necesidades básicas insatisfechas de los últimos años, trajo como consecuencia -entre otros muchos aspectos-, cada vez más chicos mal alimentados, anémicos o desnutridos. Ante la carencia de un plato de comida en sus casas, muchos de estos niños deben concurrir diariamente -para recibir una copa de leche o comida- a servicios asistidos por el Estado, a alguna institución preparada para tal fin o a comedores barriales creados y atendidos por vecinos sensibles a esta situación.
Si bien este asistencialismo cubre la urgencia alimentaria de una gran franja de la población, está siendo contraproducente, en el aspecto social, para las personas carecientes: provoca que se pierda la cultura de la preparación del alimento en el hogar, que se desestime la importancia que tiene aprovechar el momento de la alimentación para el encuentro y el diálogo en familia. Hábitos que, naturalmente, se darían en cada casa si la comida no faltara.
Lo cierto es que esta "institucionalización del alimento" -como lo define la licenciada en Nutrición, Paola Resnicoff- está mostrando un alejamiento entre los miembros de una misma familia que comen en distintos comedores: ya sea el de la escuela o de alguna otra institución.
Por este motivo, la falta de ese espacio de encuentro en la mesa familiar o de dedicación de la madre para la elaboración de la comida, significa que se están perdiendo otras funciones que ese ámbito propiciaba: la contención y el diálogo, el amor y el cariño que se ponen de manifiesto a través de la alimentación.
Hay otra situación preocupante que se observa en nuestra ciudad: muchas mamás de 14, 15 ó 16 años se criaron comiendo en el comedor y tienen muchas dificultades para poder hacerse cargo de la alimentación de sus hijos. "En algunos casos no tienen los recursos económicos ni los utensilios para cocinar porque desapareció la olla, el anafe o la cocina ante la ayuda alimentaria que siempre recibieron", explicó Resnicoff.
Apostar a comer en familia
En el marco del Programa Nacional de Educación Alimentaria y Nutricional, se está dictando en Santa Fe un Curso-taller de Capacitación sobre Educación Alimentaria Nutricional (EAN), destinado a personas y profesionales que trabajan con la comunidad o que son transmisores de información.
Comunicadores sociales, docentes, personal de comedores escolares y comunitarios y de centros de acción familiar, agentes sanitarios y comunitarios, enfermeros, trabajadores sociales y estudiantes están recibiendo esta capacitación, avalada por el Ministerio de Salud de la Nación. Se ofrece como una estrategia para mejorar la alimentación de la población, motivo por el cual se insiste a los participantes que trabajen en pos de que se recupere la comida en el hogar.
La licenciada Resnicoff -quien dicta el curso taller junto con sus colegas María Sol Calleja y Yamile Henaín-, planteó: "Queremos que estas personas, desde su lugar, traten de promover esta idea y como agentes de salud o comunitarios puedan recolectar información sobre qué está faltando para que esa mamá cocine, más allá de los alimentos. Si lo que faltan son los alimentos, entonces hay que tratar de gestionarlos para que esa familia cocine".
Advirtió que la situación por la que atraviesan gran cantidad de familias carecientes es claramente planteada por las personas que están participando del curso taller, quienes se muestran preocupadas por la realidad que ven a diario. "También surge el tema de que hay programas de recuperación nutricional que brindan cajas con alimentos especiales y capacitación sobre el tema, pero nos plantean que muchas veces, esas mamás, para que no le quiten estos beneficios, no promueven o permiten que el niño se recupere".
Resnicoff opinó que se trata de una cuestión muy grave, porque "cuando la asistencia alimentaria institucionalizada se hace eterna puede llegar a traer problemas. Uno deja de ser autorresponsable por lo que le toca: generar tus medios para la búsqueda de los propios alimentos y para poder elaborarlos y brindarle a tus hijos los suficientes como para su crianza".
Multiplicadores de información
Consultada en relación a la capacitación, Resnicoff indicó que "la idea del curso es formar multiplicadores: gente que lleve información a su comunidad o lugar de trabajo sobre la buena alimentación y la nutrición. Se trata de que transmitan las 10 pautas básicas para una alimentación saludable, que corresponden a las Guías Alimentarias Argentinas y el Programa Nacional de Educación Alimentaria y Nutricional".
Planteó que "el propósito de la educación alimentaria nutricional es crear en las personas la responsabilidad del autocuidado y lo que tiene que ver con una buena alimentación relacionada con una buena salud. Tratamos de darles herramientas a estos beneficiarios para que puedan manejarse con personas sanas, ya que les insistimos en que -ante situaciones especiales- deben recurrir al centro de salud más cercano al barrio o a una nutricionista, si una persona necesita una dieta especial".
En este sentido, se ofrecen dos talleres teóricos y uno práctico. En los primeros se trabajan las pautas para una alimentación saludable y la alimentación en las distintas etapas de la vida. También se informa sobre las diferentes técnicas de preparación y cocción de alimentos para usar los recursos y aumentar la biodisponibilidad de los nutrientes, además de las pautas básicas de higiene y manipulación de alimentos.
El último taller es práctico y lo realizan los asistentes a la capacitación. Tienen que proponer una actividad con su comunidad para conseguir algún cambio o mejora. Por ejemplo, hay una alumna que estudia en la UNL que iba a proponer un cambio en los alimentos que vendían en la cantina de su facultad.
Quienes participan en esta capacitación despejan todas sus dudas en relación a alimentación y nutrición con las profesionales a cargo e, incluso, plantean los inconvenientes con los que a diario se deben enfrentar para llevar adelante sus tareas. Al finalizar el curso taller reciben un manual de multiplicadores que proporciona el Ministerio de Salud de la Nación.
Llegar más a la gente
Mejorar la alimentación de la comunidad es la meta que se fijó esta capacitación, que está permitiendo a mucha gente incorporar conocimientos sobre el tema, ya sea para aplicarlos en sus propias familias como en sus hogares. La tarea no fácil ni corta en el tiempo. Pero la iniciativa ya es bienvenida.
La licenciada Paola Resnicoff concluyó que "este programa surgió porque, a pesar del avance en las Ciencias de la Nutrición y del aumento de la información científica sobre los alimentos que hacen bien y los que no hacen tan bien, aumentaron los porcentajes de malnutrición, ya sea obesidad como desnutrición".
"Por este motivo -agregó- surgió esta iniciativa para concientizar a la población sobre la relación que tiene una alimentación adecuada con el mantenimiento de la salud. Con los cursos pretendemos brindar estrategias de prevención, que es lo que hace falta en las políticas de salud: hay que llegar más a la gente e ir a buscarla, y no esperar a que llegue para buscar información", subrayó Resnicoff.
Por último, anticipó que se tiene pensado continuar el curso durante el año, aunque depende de los recursos con que se cuenten.
Testigos de la realidad
· Mónica es agente sanitario de un centro de salud ubicado en Guadalupe Oeste, donde se atienden 75 chicos desnutridos que viven en la zona. Su tarea consiste en buscar y hablar con las mamás sobre la correcta alimentación de sus hijos, además de colaborar en los comedores comunitarios.
"Las mamás terminan delegando en el Estado su función a la hora de la alimentación, la salud o la educación", advirtió Mónica, y dijo que este tipo de capacitación le permite aprender muchas cosas sobre, por ejemplo, la combinación de alimentos para poder brindar un mayor valor energético. Consideró que el curso debería continuar en el tiempo.
· Gladys trabaja, desde hace muchos años, como enfermera en el centro de salud "Demetrio Gómez", de Alto Verde. También enseña a las mamás de los chicos desnutridos del distrito a cocinarles y alimentarlos adecuadamente. Aseguró que "muchos chicos están desnutridos como consecuencia de que bajan de peso porque tienen parásitos. Algunos se recuperan pero muchas mamás no quieren que los ayudemos porque si se mejoran dejan de recibir una caja de alimentos o de ir al comedor".
· María es asistente social y tiene a su cargo el relevamiento de los comedores pertenecientes a Promoción Comunitaria en el barrio Los Hornos. Admitió, al igual que otros participantes del curso, que existen muchas carencias en estos centros y que falta información sobre el manejo de alimentos.Coincidió en que "con muchas mamás se llega al punto de que buscan ayuda de afuera y no tratan de conseguir la comida por sus propios medios. A pesar de que se les da charlas con nutricionistas para que elaboren sus propios alimentos, llevará mucho tiempo cambiar esa cuestión cultural de recibirlos y depender de la ayuda de una caja".
· Teresita es beneficiaria de un plan Jefas y Jefes de Hogar. Trabaja ayudando en las tareas de la cocina y proveeduría del centro comunitario Corazón de María, en Santa Rosa de Lima, al que concurren 220 personas para almorzar.
Alimentación saludable
Las pautas básicas para una alimentación saludable son las siguientes:
· Comer variado y varias veces en el día.
· Realizar un buen desayuno, para tener calidad y cantidad de nutrientes (energía) adecuados para empezar el día.
· Incorporar frutas y verduras crudas a lo largo del día, además de consumir leche, yogur y queso, algún aporte proteico en base a carne (al menos una vez al día), además de legumbres y cereales (o su combinación) para un mejor aprovechamiento de los nutrientes.
· Reducir el consumo de azúcares y grasas.
· Hacer actividad física.
Mariana RiveraFotos: Flavio RainaArchivo El Litoral
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